El impacto emocional de los tratamientos de fertilidad y por qué el duelo reproductivo no se vive de forma lineal
Durante mucho tiempo, muchas personas creen que tener hijos ocurrirá de forma natural cuando llegue el momento adecuado. Pero cuando aparece la infertilidad o la necesidad de tratamientos, ese escenario empieza a transformarse. A veces significa más intentos de los que esperabas. Otras veces aparece la posibilidad de necesitar tratamientos más complejos.
Y en algunos casos se plantea la opción de utilizar donación de óvulos o de semen. Estas decisiones no son solamente médicas. También implican procesar la diferencia entre la maternidad o paternidad que imaginabas y el camino que finalmente aparece. Y esa diferencia muchas veces se vive como un duelo.
¿Qué es el duelo reproductivo?
El duelo reproductivo es la respuesta emocional ante una pérdida relacionada con el proyecto de tener hijos. A veces se trata de una pérdida concreta. Otras veces es la pérdida de algo que se había imaginado: un embarazo que no llegó cuando se esperaba, un camino que tuvo que cambiar o la idea de un hijo con tus propios genes. No hace falta que “haya pasado algo” visible para que duela: también se hace duelo por lo que se esperaba y no ocurrió.
¿Cuándo puede aparecer?
El duelo reproductivo no tiene un único momento de inicio. Muchas personas lo reconocen en situaciones como estas:
- al recibir un diagnóstico de infertilidad;
- después de un resultado negativo o de un intento que no funcionó;
- tras una pérdida gestacional;
- cuando el plan cambia, por ejemplo al considerar la donación de óvulos, semen o embriones;
- cuando se decide pausar o terminar los tratamientos.
A veces no es una sola gran pérdida, sino varias pequeñas que se van acumulando con cada ciclo. Si estás empezando este camino, quizá te ayude leer sobre qué pasa en la mente cuando el médico te da un diagnóstico de infertilidad.
Un duelo que muchas veces no se ve
Uno de los aspectos más difíciles es que este duelo suele vivirse en silencio. No hay un ritual, una despedida ni una fecha que los demás reconozcan. Muchas veces el entorno no sabe lo que estás atravesando o, cuando lo sabe, responde con frases como “lo importante es seguir intentando” o “ya llegará”.
Por eso muchas personas sienten que no tienen “derecho” a estar tristes. Pero una pérdida no necesita ser visible para ser real.
El duelo hace lo que quiere
Seguramente has escuchado que el duelo tiene etapas muy claras: negación, ira, negociación, tristeza, aceptación. Es un modelo muy conocido y puede ayudar a ponerle nombre a algunas emociones. Pero la investigación contemporánea sobre duelo advierte que esas etapas no funcionan como una escalera que todas las personas deban subir en el mismo orden, y presentarlas así puede hacer que alguien sienta que lo está “haciendo mal”.
Otros modelos describen algo que se parece mucho más a lo que veo en consulta: las personas van y vienen. Hay momentos en los que la pérdida ocupa todo el espacio y otros en los que la atención vuelve a la vida cotidiana, al trabajo, a los planes. Ese ir y venir no es un retroceso; forma parte de la manera en que nos adaptamos a una pérdida.
En la vida real, el duelo no funciona de forma ordenada.
Hay días en los que te sientes tranquila.
Hay días en los que aparece la frustración.
Hay días en los que simplemente estás cansada de pensar en el tema.
Y muchas veces esas emociones cambian de un día para otro. No hay una forma correcta o incorrecta de vivir el duelo reproductivo. Cada persona lo atraviesa de acuerdo con su historia, su personalidad y las circunstancias de su proceso.
Los tratamientos de fertilidad se parecen mucho al surf
Muchas veces explico a mis pacientes que los tratamientos reproductivos se parecen mucho al surf. ¡No todos los días hay olas!
A veces el mar está completamente plano.
A veces las olas son pequeñas.
A veces aparece una ola enorme que ni siquiera puedes remar.
Otras veces el viento sopla en contra y no logras tomar la ola como esperabas.
Y sí, a veces llega esa ola perfecta que logras surfear de principio a fin. Recuerdo pensar: “Wow, qué ola tan increíble”.
Pero también hay momentos en los que la ola te revuelca, te deja debajo del agua y necesitas unos segundos para volver a salir a la superficie. Los tratamientos de fertilidad se parecen mucho a eso.
Hay momentos de esperanza.
Momentos de frustración.
Momentos de cansancio.
Y todos forman parte del proceso.
¿Qué es el duelo genético?
Uno de los momentos más delicados dentro del proceso reproductivo puede surgir cuando aparece la posibilidad de utilizar gametos de donante. Para algunas personas, esto implica enfrentar algo que en psicología reproductiva llamamos duelo genético: el proceso emocional que puede aparecer al aceptar que el hijo que imaginabas no compartirá tu material genético, cuando para formar ese embarazo se recurre a gametos o embriones donados.
Puede aparecer con la donación de óvulos, de semen o de embriones, y no siempre lo vive solo quien gesta: a veces también lo atraviesa la pareja. Suele venir acompañado de preguntas muy concretas: ¿se parecerá a mí?, ¿lo sentiré completamente mío?, ¿cómo y cuándo se lo contaré?
Sentir este duelo no significa que estés rechazando la donación ni que estés tomando una decisión equivocada. Aceptar un nuevo camino reproductivo no ocurre de un día para otro. Muchas veces requiere tiempo, información y acompañamiento. Porque no se trata solo de decidir un tratamiento, sino de comprender lo que esa decisión significa para ti. Si estás en ese punto, puede ayudarte leer sobre cómo tomar la decisión entre FIV con óvulos propios o donación de óvulos.
Dar espacio al duelo también es parte del camino
A veces las personas sienten que no deberían estar tristes o frustradas porque “lo importante es seguir intentando”. Pero el duelo no es algo que haya que evitar, es algo que merece ser reconocido. Así como valoramos los momentos de alegría, también es importante permitirnos sentir cuando algo duele o cambia dentro de nosotros, porque permitir el duelo también forma parte de avanzar.
Algunas cosas que suelen ayudar:
- Ponerle nombre. Decir “esto es un duelo” ya cambia la forma de mirarlo.
- No apresurarlo. No hay un plazo en el que “ya deberías estar bien”.
- Aceptar ritmos distintos. Si tienes pareja, es frecuente que cada uno lo viva en momentos diferentes.
- Poner límites. Tienes derecho a elegir qué compartir, con quién y cuándo. Aquí encontrarás más ideas para cuidar tu salud mental durante los tratamientos.
- Darte pausas. En los momentos en los que la ola te revuelca, un ejercicio breve de respiración puede ayudarte a volver a la superficie.
Muchas personas descubren que, cuando pueden reconocer lo que están sintiendo, el proceso deja de sentirse tan confuso y tan solitario.
Cuándo buscar acompañamiento
La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) recomienda que la atención psicosocial forme parte del cuidado de fertilidad, y contempla el apoyo en el duelo como uno de los niveles de atención especializada.
Puede ser un buen momento para buscar acompañamiento si:
- la tristeza o la ansiedad son intensas y empiezan a interferir con tu día a día, tu trabajo, tu descanso o tus relaciones;
- te cuesta pensar en otra cosa;
- te sientes cada vez más aislada;
- el proceso está generando tensión constante con tu pareja;
- necesitas tomar una decisión reproductiva y el duelo no te deja ver con claridad.
Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño, busca ayuda inmediata en los servicios de emergencia de tu país.
Desde la psicología reproductiva, mi trabajo no es hacer que el duelo “pase rápido”, sino ayudarte a comprender lo que estás viviendo, darle un lugar y seguir tomando decisiones sin perderte en el camino.
Preguntas frecuentes
Sí. No hace falta que el camino haya terminado para sentir pérdida. Un resultado negativo, un cambio de plan o simplemente el paso del tiempo pueden vivirse como pequeñas pérdidas que se acumulan.
No existe un plazo fijo. Puede ir y venir, y reactivarse en momentos concretos, como una fecha significativa, un anuncio de embarazo cercano o un nuevo intento. Si con el tiempo la intensidad no disminuye y afecta mucho tu vida diaria, vale la pena buscar acompañamiento.
Sí, y es muy frecuente. Cada persona tiene su propio ritmo y su forma de expresar el dolor. Que alguien lo hable menos no significa que le importe menos. Hablarlo, sin exigir que ambos sientan lo mismo al mismo tiempo, suele ayudar.
No hay una respuesta única. En estudios con madres que formaron su familia mediante donación de óvulos, la importancia del vínculo genético varió de una persona a otra y la mayoría se sentía segura en su lugar como madre al final del primer año. Eso no significa que el tema desaparezca necesariamente: para algunas personas puede transformarse o volver a hacerse presente en determinados momentos, por ejemplo ante preguntas sobre el parecido o cuando llega el momento de hablar sobre los orígenes. Sentirlo no significa que el vínculo con tu hijo sea menor.
Fuentes: Stroebe, Schut y Boerner (2017). Cautioning Health-Care Professionals: Bereaved Persons Are Misguided Through the Stages of Grief. Omega; Stroebe y Schut (1999). The dual process model of coping with bereavement. Death Studies; ESHRE (2015). Routine psychosocial care in infertility and medically assisted reproduction; Imrie, Jadva y Golombok (2020). “Making the Child Mine”. Journal of Family Psychology.