El impacto emocional de los tratamientos de fertilidad y por qué el duelo productivo no se vive de forma lineal
Durante mucho tiempo muchas personas creen que tener hijos ocurrirá de forma natural cuando llegue el momento adecuado, pero cuando aparece la infertilidad o la necesidad de tratamientos, ese escenario empieza a transformarse. A veces significa más intentos de los que esperabas. Otras veces aparece la posibilidad de necesitar tratamientos más complejos.
Y en algunos casos se plantea la opción de utilizar donación de óvulos o de semen. Estas decisiones no son solamente médicas. También implican procesar la diferencia entre la maternidad que imaginabas y el camino que finalmente aparece. Y esa diferencia muchas veces se vive como un duelo.
El duelo genético
Uno de los momentos más delicados dentro del proceso reproductivo puede surgir cuando aparece la posibilidad de utilizar gametos de donante. Para algunas personas esto implica enfrentar algo que en psicología reproductiva llamamos duelo genético.
Es el proceso emocional de aceptar que el hijo que imaginabas no compartirá tu material genético. Este proceso es completamente válido. Aceptar un nuevo camino reproductivo no ocurre de un día para otro. Muchas veces requiere tiempo, información y acompañamiento.
Porque no se trata solo de decidir un tratamiento. Se trata de comprender lo que esa decisión significa para ti.
El duelo hace lo que quiere
A veces escuchamos que el duelo tiene etapas muy claras: negación, ira, tristeza, aceptación. Pero en la vida real el duelo no funciona de forma tan ordenada.
Hay días en los que te sientes tranquila.
Hay días en los que aparece la frustración.
Hay días en los que simplemente estás cansada de pensar en el tema.
Y muchas veces esas emociones cambian de un día para otro. No hay una forma correcta o incorrecta de vivir el duelo reproductivo. Cada persona lo atraviesa de acuerdo con su historia, su personalidad y las circunstancias de su proceso.
Los tratamientos de fertilidad se parecen mucho al surf
Muchas veces explico a mis pacientes que los tratamientos reproductivos se parecen mucho al surf. ¡No todos los días hay olas!
A veces el mar está completamente plano.
A veces las olas son pequeñas.
A veces aparece una ola enorme que ni siquiera puedes remar.
Otras veces el viento sopla en contra y no logras tomar la ola como esperabas.
Y sí, a veces llega esa ola perfecta que logras surfear de principio a fin y al salir del agua solo puedes pensar:
“Wao!!! Qué ola tan increíble.”
Pero también hay momentos en los que la ola te revuelca, te deja debajo del agua y necesitas unos segundos para volver a salir a la superficie. Los tratamientos de fertilidad se parecen mucho a eso.
Hay momentos de esperanza.
Momentos de frustración.
Momentos de cansancio.
Y todos forman parte del proceso.
Dar espacio al duelo también es parte del camino
A veces las personas sienten que no deberían estar tristes o frustradas porque “lo importante es seguir intentando”. Pero el duelo no es algo que haya que evitar, es algo que merece ser reconocido. Así como valoramos los momentos de alegría, también es importante permitirnos sentir cuando algo duele o cambia dentro de nosotros, porque permitir el duelo también forma parte de avanzar.
Muchas pacientes descubren que cuando pueden reconocer lo que están sintiendo, el proceso deja de sentirse tan confuso y tan solitario.